Category: Economía


Son pocos los que han reflexionado en las afecciones y patologías que se pueden desarrollar por este prolongado estado de estrés, especialmente preocupante es la psicología de la niñez. Aun en el mejor de los casos, donde viven en un hogar compuesto por padre y madre; y estos tengan las condiciones mínimas de vivienda que permita el mínimo de esparcimiento, esto situación de cuarentena es extremadamente dura.

Espacios públicos abiertos

No voy a debatir sobre los beneficios al sistema de salud o la prevención de muertes, o las afectaciones a la economía o al empleo. Sino que lo vamos a hablar de lo que esta situación le está produciendo a nuestra niñez y juventud. De entrada, sabemos que las condiciones de nuestra niñez y juventud no son ni cerca de ideales, la gran mayoría de hogares rotos, la gran mayoría de casas en estado sumamente precario, la gran mayoría de barrios tomados por las pandillas.

Si a esta zozobra habitual, le sumamos la falta de estructura educativa y les quitamos los pocos espacios disponibles de sano esparcimiento, el resultado es fatal. ¿qué vamos a hacer para volver a motivar a los jóvenes? ¿Como les decimos a esos niños que vale la pena su país? ¿qué esperanza les va a quedar, si los poco que tienen se los han quitado?

La recuperación de barrios y espacios públicos siempre ha sido una de las tareas más importantes para la reconstrucción del tejido sociales, pero ahora en estos tiempos y con periodos de cuarentena y privación de espacios por más de 3 meses seguidos, no son importantes, son necesarios. Necesitamos encontrar maneras de generar espacios de convivencia libres de COVID, necesitamos con extrema urgencia, que nos regresen nuestros parques.

Necesitamos que el Parque Cuscatlán regrese a cumplir su función, nadie está hablando de trasladar al riesgo y que el parque se vuelva un centro de contagios, estamos hablando de una apertura de los espacios públicos al aire libre, de manera ordenada, donde un grupo familiar, que de todas maneras conviven en espacios cerrados, puedan salir y caminar, ver árboles, comerse un mango y pensar en algo más que no sea si se van a morir el día siguiente.

Es que esa sensación que la muerte está a la vuelta de la esquina, real o imaginaria, solo llevará a que cada día más los niños y los jóvenes pierdan cualquier esperanza de un mejor mañana y entonces cuando eso pase, no habrá quien les diga que no tienen que migrar, no habrá quien les diga que no vale la pena unirse a una mara, cuando has perdido todo hasta la mano amiga de un marero puede ser reconfortante.

Por tanto, si el análisis científico es que le país no está listo para la reapertura económica, no pierdan ni un segundo más en buscar la reapertura de los espacios públicos al aire abierto, la salud mental de una generación lo necesita, el país lo necesita no sigamos acumulando energías potencialmente volátiles e innecesarias en una sociedad donde poco necesita para arder. #usamascarilla

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

La vuelta a la vida

Publicado Originalmente en El Diario de Hoy 19 de junio de 2020 https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/reapertura-economica/725274/2020/

Hemos estado más de 90 días atrapados en nuestras casas. Lo hemos hecho porque ha sido necesario, porque necesitábamos tiempo para que el estado se modernizara, para que se entendiera mejor la enfermedad, para que las empresas modificaran sus protocolos, para que el mundo estuviera listo para volver a la nueva normalidad.


Ahora nos enfrentamos a otros 90 días de adaptación a la nueva normalidad. Llegamos llenos de pánico, con inseguridades, con desconfianza, con el pacto social más roto que nunca. Por un lado nos han dicho que si vemos a nuestros hijos en la calle estarán muertos en media hora; por otro lado nos dicen: tengan fiestas de 1000 personas en un sauna y gocen su vida que solo es un gripón. En medio de estas claras dos exageraciones está la verdad.


La verdad en un mundo de desinformación y sobre información cuesta verla y distinguirla, aunque se nos estrelle enfrente no la podemos ver, ya no confiamos en los políticos, en los científicos o en nuestros vecinos, poco a poco tendremos que ir reconstruyendo la confianza; poco a poco tendremos que volver a nuestra vida, a nuestra nueva vida.

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No hay nada más rebelde en estos días que no enfermarse, conservar la salud es el acto supremo de rebeldía, demostrar que no necesitamos más cuarentenas y que podemos manejar la libertad, es la señal pura de que hemos evolucionado como sociedad. Para lograr esta transformación social significativa necesitamos dos cosas: 1) cultura de salud y seguridad: esto nunca ha sido el fuerte de El Salvador, tiramos la basura en cualquier parte, hacemos un pésimo manejo de las aguas residuales, construimos donde podemos no donde debemos, pero el COVID-19 nos pondrá nuevamente a prueba. 2) Tecnología: todos tenemos que invertir en la mejor tecnología posible para retomar la vida, queremos nuestros consultorios médicos, colegios y salas de atención al público con los mejores purificadores de aire del mercado, necesitamos tecnología para lograr al distanciamiento social, barreras plásticas, teletrabajo, comunicación a distancia, en general, una transformación digital de los procesos burocráticos.


La vuelta a la vida deberá ser una mezcla de cultura y tecnología. Ambas no son fáciles de lograr, pero El Salvador se ha enfrentado a muchos desafíos y siempre ha sabido salir adelante. No dudemos de que esta nueva transformación hacia el mundo post-covid la lograremos.


Como biólogo, estudiamos las curvas de relaciones interespecíficas (presa-depredador o virus-huésped) las intervenciones humanas nunca logran modificar el patrón normal de las curvas intraespecíficas, o sea que solo en raras ocasiones logramos extinguir especies, pero estas son normalmente poco adaptables genéticamente, como tigres, linces o rinocerontes, en especies como bacterias que tengan una alta variabilidad genética, la posibilidad de incidir es mínima. En el caso de virus es todavía más complicado. Dicho esto, al COVID no lo vamos a extinguir, así como no extinguimos el VIH, aprendimos a vivir con él, a tratarlo mejor y sobre todo a prevenirlo. Esperemos que tengamos pronto una vacuna, pero mientras tanto lo mismo ocurrirá con el COVID, tendremos que aprender a vivir con él.

Esto no es magia, es ciencia. Tratemos de tener nuestra tecnología lo más desarrollada posible y a la mano; y cambiemos nuestra cultura.

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

Publicado Originalmente en El Diario de Hoy 4 de Abril de 2020

https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/coronavirus/702722/2020/

En la ética de Baruch de Spiniza, nos plantea que todos somos parte de un todo, de la naturaleza, de Dios, y, por tanto, no deberíamos agredirnos unos de otros, porque sería como que el pie izquierdo pateara el derecho: al final de cuentas el mismo cuerpo es el que sufrirá el golpe. No parece que esa una lección que 400 años después parece que seguimos sin comprender.


El cambio climático es una plaga de peores consecuencias que el coronavirus; se esparce más rápido y tiene un índice de mortalidad más grande. Peor que esta nueva plaga es que en el caso del cambio climático si sabemos la cura y no es tan amarga como nos hacen creer.

Baruch de Spinoza


Los líderes mundiales siguen jugando en las cumbres del clima a echarse la culpa mutuamente, que si China no cumple, que Estados Unidos, la Unión Europea o los países en desarrollo, todos tenemos un pedazo de culpa en este embrollo, la esperanza de la humanidad está surgiendo de otros foros, mucho más comprometidos y curiosamente mejor entienden la ética de Baruch, aunque las empresas y el capitalismo siempre se ha visto como una de las mayores depredadores de la naturaleza, cada día más y más empresas se comprometen a jugar en los mercados de carbono, cada día las grandes marcas entienden que es no pueden pegarse un balazo en el zapato con políticas que no incluyan medidas de mitigación y adaptación.


La nueva lógica del capitalismo tiende a proteger sus propios intereses, como siempre lo ha hecho, pero ahora las mentes más evolucionadas, entienden que proteger sus propios intereses significa proteger los intereses de la humanidad, de la naturaleza, del todo.


Comienza a haber un empuje cada vez más grande para entender la huella de carbono de los productos, no solo de los consumidores más exquisitos, no es una moda o un pensamiento de nicho, cada vez más es generalizado. Una encuesta mundial sobre consumidores elaborada por Edelman, el 90 por ciento de los encuestados expresas que eligen sus marcas basados en tres principios, mi marca preferida: “hará lo correcto” (92%), relación calidad-precio (90%) y “tomará partido” (75%). Las marcas han entendido claramente en el mensaje de los consumidores, les están pidiendo atributos éticos a los productos y además les están pidiendo valentía, que se pronuncien y comunique en que creen.

Todavía nos queda un largo camino para poder entender las implicaciones del cambio climático, todavía seguimos en muchos aspectos pegándonos patadas mutuamente, todavía seguimos pensando que el camino para encontrar soluciones es imponerse a base de golpes, pero la humanidad nos está diciendo cada vez más que no está dispuesta a tolerar estas actitudes. Mientras nuestras preocupaciones también estén desenfocadas también nuestros resultados lo estarán.


Mientras no estén en la agenda del día a día los mayores problemas de la humanidad, nos seguiremos preocupando por los virus y no por el cáncer, nos seguiremos preocupando por tener un barco y no por tener un océano, nos seguiremos preocupando por tener casa y no por tener salud. Se que muchos me podrán decir que eso solo se puede decir cuando tienes las necesidades básicas cubiertas, pero lo que dice Spinoza es que igual somos parte de este todo y como tal tenemos que enfrentar los retos que tenemos enfrente.

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

A veces una idea sencilla toma fuerza y se convierte en una gran solución. La carbono neutralidad ha pasado ya por sus ires y venires, el protocolo de Kyoto fue un punto de partida para saber contar los gases de efecto invernadero (GEI) y Paris nos proponía una forma de fijar límites planetarios. Todavía hay un mundo que recorrer en la carbononeutralidad, pero el mundo avanza. Ahora en la crisis actual relacionada el mundo del plástico en los océanos surge una alternativa que parece tiene todas las posibilidades de ser ganadora. Ser plástico neutral. Esto significa que de alguna manera compensar (offset) de tu huella plástica. Hay un cambio de actitud, por ejemplo, el impacto del plástico oceánico se vería significativamente mermado sí los usuarios de los materiales los depositaran en el lugar correcto. Tendríamos un cambio significativo sí los encargado de la gestión de residuos tuvieran infraestructura adecuada. Pero, aun así, existe plástico y existirá plástico que se produce. Porque no existe una solución que genere un menor impacto ambiental, no lo es el algodón, el vidrio o el papel. Por tanto, necesitamos encontrar soluciones que compensen el uso del plástico. Plastic Bank ofrece una alternativa interesante y la tomé. Pero una alternativa más interesante aun es comprar productos con alto contenido de reciclado, es la única manera en que garantizaremos tener un mundo plástico neutral.
Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

Publicado originalmente en El Diario de Hoy el 119 de septiembre de 2019

Del 21 al 23 de septiembre las Naciones Unidas ha convocado a los países de todo el mundo a una nueva discusión sobre el cambio climático. Siempre hace falta recordar que este es uno de los grandes problemas de la humanidad. Evidente es que nuestro planeta cada vez nos asombra con nuevas olas de calor, con la pérdida de hielo en Groenlandia, con huracanes devastadores, con sequías prolongadas, con erosión costera y tantos otros hechos que comprueban los terribles efectos que está trayendo el cambio climático en el mundo.

Nuevamente el Secretario General, Antonio Guterres, nos llama a que los países se comprometan con garantizar que el aumento de la temperatura no sea mayor a 1.5°C. Esto nos mantendría dentro del espectro seguro, más siempre implicaría un cambio en los patrones del clima. Este evento es la antesala de la PreCOP25 en Costa Rica y la COP 25 en Santiago de Chile. Es un nuevo impulso para tratar de poner en agenda el cambio climático.

Es un poco cansado regresar a estas discusiones y sentir que no existen avances. El tema importante en esta ocasión es que la discusión estará en coordenadas latinoamericanas y esto es una oportunidad. Las grandes discusiones sobre cambio climático están separadas en grandes bloques geopolíticos. Estados Unidos y China son un universo aparte, pero la Unión Europea, Sureste Asiático, las islas del Pacífico siempre tienen posturas de bloque.
Ahora será muy importante tener una postura por lo menos centroamericana y fijar temas que puedan ser interesantes para nosotros. Evidentemente el tema de financiamiento es clave, pero en este caso el hecho de ser pequeño es una ventaja, es mucho más fácil para un país pequeño adaptarse; por ejemplo, Costa Rica que ha evolucionado de una declaratoria de Carbono Neutral a una de descarbonización.

Ser carbono neutral implica que el balance entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) es compensado por una forma de colectar esos mismos GEI mediante algún método: reforestación y manejo de bosques es el más atractivo. Para Costa Rica eso ha sido un balance complicado de obtener, pero están en ese camino. Ahora la descarbonización implica bajar la emisión de GEI, lo cual a nivel país implica una reforma a la matriz energética y en segundo lugar a la movilidad. Estas deberán ser ejes centrales de la política pública centroamericana. En ese sentido, son interesantes los planteamientos del Gobierno de El Salvador en cuanto sus propuestas de movilidad y gestión de la energía geotérmica.

Esperemos que con estas jornadas que empiezan el 21 de septiembre la humanidad tenga una bocanada de esperanza, algo que necesitamos urgentemente. Me gusta mucho que en el primer evento serán 500 jóvenes de todo el mundo que harán un llamado a todos los gobiernos, para pedir que para su generación se tomen en serio el cambio climático. La sorpresa que tenemos es que hay muchas Gretas Thumbergs dispuestas a hablar y retarnos a tener un mundo mejor. Así que… comiencen los Juegos del Cambio Climático…

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

Publicado originalmente en El Diario de Hoy 25 de julio de 2019

Garret Hardim escribió en la revista Science en 1968 un artículo que se llamó “La tragedia de los comunes”. Esta ha sido la aproximación a problemas como la crisis de los océanos y, por tanto, nos plantea retos para poder intervenir.

La sobrepesca seguirá ocurriendo si seguimos abordando el tema desde esta óptica. Debemos tener una aproximación distinta. Elinor Ostrom ganó el premio Nobel de Economía por su aporte al gobierno de los comunes, una óptica distinta al problema de los comunes.

El ejemplo clásico de la tragedia de los comunes es un sistema de riego. Cuando un sistema es lo suficientemente grande para que se pueda utilizar por una multitud de actores y los esfuerzos para excluir de los beneficios es costoso, estamos en el escenario perfecto. Hardin explica que cuando esto ocurre si no existe un “gobierno” que regule, el sistema tenderá a la ineficiencia, porque no hay motivación alguna ni confianza en el vecino para autorregularse. La conclusión es que es fácil y racional que los vecinos tomen agua sin pagar su cuota o tomen más de lo autorizado, solo por la sensación que si ellos no lo hacen el vecino siguiente se aprovechará. Esto lleva a un agotamiento del recurso y colapso del sistema.

Normalmente la solución la tragedia de los comunes ha venido en dos líneas. Opción 1: como los individuos no son capaces de gobernarse y hacen un mal usos del elemento común, entonces un gobierno central definirá las leyes y administrará el recurso. Esta opción no funciona por ejemplo en los océanos donde no hay posibilidad de un gobierno central. Y aun en la gestión de parques municipales o sistemas de riego da lugar a distorsiones que no logran el objetivo de un buen gobierno del común. En estos sistemas es racional que surja la corrupción.

Opción 2: como el problema fundamental es el hecho de que el común no es propiedad de nadie, por ende, la solución es privatizarlo, establecer o delegar autoridad a un ente privado que lo considere como propio y por tanto lo gestione obteniendo ganancia en dicho proceso. Numerosos son los ejemplos donde esta solución no ha sido la ideal y tiene a crear distorsiones y desigualdades. ¿Podemos gobernar el agua potable desde un ente privado y garantizar que la gran mayoría tenga acceso al recurso? Unos argumentan que sí, otros que no. Pero una vez más hay casos que no podrán ser resueltos por una privatización. ¿Qué pasa con aquellos comunes que no tienen un valor comercial? Por ejemplo, la gestión de un área protegida que no permite por su función el uso público. ¿Cuál es entonces la alternativa?

Ostrom propone y demuestra que existen condiciones en las cuales un recurso común se autorregula. La regulación de los comunes por autogestión no tiene reglas específicas, sino que ella identifica “principios de diseño” que son elementos que permiten o facilitan el cumplimiento de las reglas por parte de los “apropiadores” generación tras generación. Ostrom en su artículo 2002 “COMMON-POOL RESOURCES AND INSTITUTIONS: TOWARD A REVISED THEORY” desarrolla sobre los atributos que tiene el recurso y los apropiadores. La mayoría de estos atributos se puede modelar y fomentar, por tanto, es posible fomentar la autorregulación de los comunes maximizando la bien común y evitando la tragedia. Entender estos principios y facilitar su aparición nos pudiera ayudar a gestionar algunos de los grandes retos de nuestro tiempo, como los desechos en los océanos. Aquí nos queda la tarea de los que queremos resolver temas complejos.

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

Públicado orginalmente en El Diario de Hoy el 19 de mayo de 2019

En el medio biológico todo funciona en ciclos. La fotosíntesis es un proceso circular que produce alimento, el ciclo de Krebs es el un proceso circular que produce energía; también los procesos macroscópicos en su forma natural son ciclos, por ejemplo el del agua o las funciones ecosistémicas dentro de un bosque. Todo es un ciclo, no existe un principio ni un fin. La única fuente externa que hay en la naturaleza es el sol, luego todos los nutrientes y elementos son finitos, solo se transforman. La cadena trófica de un ecosistema tiene productores (plantas), aquellos que reciben la energía externa (sol) y los nutrientes del sustrato, las transforman en alimento (para ellos mismos). Luego están los consumidores primarios (herbívoros) que son aquellos que se alimentan de productores. Luego están los consumidores secundarios (carnívoros) que se alimentas en consumidores primarios. Y por último, para cerrar el ciclo, los descomponedores. Estos seres maravillosos que transforman tanto a productores y consumidores en nutrientes nuevamente. Así se cierra el ciclo.

La economía funciona de una manera similar. Existe extracción de material prima, luego transformación y empaque, transporte y distribución, uso y luego fin de su vida. A diferencia de los ciclos naturales, esto es lineal y, por tanto, genera dos puntos críticos. Estos puntos críticos son los que tienen a la humanidad en crisis. Por una parte, la extracción de materia prima es finita y se han hecho grandes esfuerzos para mejor en este extremo.

La humanidad ha mejorado sus técnicas de producción agrícola y de extracción mineral. Pero todavía nos queda un largo camino que recorrer, los recursos de la tierra son finitos y la capacidad de innovación también lo es. En algún momento en esta carrera nos tropezaremos de una manera que va más allá de nuestra comprensión, agotaremos nuestros recursos, acabaremos con nuestra biodiversidad y, por ende, terminaremos con las condiciones actuales de vida.

Por el otro extremo, tenemos la otra crisis, el fin de vida de los productos. Esto nos sigue ocasionando grandes problemas ambientales: la crisis de nuestros océanos, la incapacidad nuestra de regular nuestro consumo y el aumento desmedido de las áreas dedicadas a los desechos. Más aun, materiales que podrían tener muchas vidas solo tienen uno y se acumulan y ocasionan mayores impactos.

La economía circular busca atacar ambos extremos del problema, la función de los descomponedores. Como hacemos para que estos “desechos” sean otra vez materias prima. Esto parte de entender mejor la maravilla de funciones que tienen las bacterias, los hongos y tantos otros seres vivos que ayudan a que la naturaleza no agote sus recursos. La función de reciclar es urgente en nuestra economía; mientras más cobre reciclemos, menos cobre necesitaremos extraer. Es lógico y tiene sentido económico cerrar el círculo.

Implementar la economía circular es la nueva gran frontera de oportunidades, la nueva gran riqueza está en aquellas empresas que comprendan e implementes esquemas de economía circular. La verdadera sostenibilidad está en romper la dependencia a lo materia prima exógena y la creación de modelos donde se pueda producir nuestra propia energía y materia prima. Viva la revolución circular.

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información del autor en http://samayoavaliente.com/

Publicado originalmente en El Diario de Hoy 17 de diciembre de 2019

El pacto social está roto. Se ha roto la confianza que tenemos en el gobierno, en el sector productivo e incluso en la sociedad civil. Esta falta de confianza no genera inversión, ni innovación, ni productividad, ni equidad. Esta ruptura es tan grave que hemos perdido la confianza entre nosotros mismos. Latinobarómetro en 2017 indicó que solo el 17 % de los salvadoreños tenemos confianza interpersonal, es decir que tenemos confianza en nuestros vecinos, en las personas que nos rodean. Aunque es tres puntos arriba del promedio latinoamericano, es un resultado desalentador.

Leviatán

Hemos perdido la confianza en nuestras instituciones. Es claro que, en el momento que pagamos nuestros impuestos ponemos en duda que veamos un retorno positivo de lo que pagamos. Hemos perdido confianza en el sector productivo. No confiamos en lo que nos prometen; sentimos que nuestros derechos como consumidores no son respetados y que en la primera oportunidad que tengan nos estafarán. Incluso la misma sociedad civil sentimos que nos estafa, que más que un genuino interés en la sociedad, es un interés en conservar sus empleos.

Quizás es una postura muy cínica, pero los datos de Latinobarómetro nos pintan esa realidad. Esto no significa que no podamos construir confianza. Reparar nuestro averiado pacto social. Necesitamos una hipertransparencia profunda, diáfana. Esto, a los que tienen algo que esconder les dolerá mucho, pero solo si quitamos todos los velos que existen adentro de nuestras empresas, nuestro talento humano tendrá confianza en lo que hacemos. Solo sí transparentamos por completo el uso de los fondos públicos, entonces podremos recobrar un poco de confianza.

La cura para reparar nuestra democracia rota es más democracia. No podemos buscar soluciones antidemocráticas o antipolíticas. Necesitamos profundizar en la democracia, necesitamos crear mecanismos de diálogo funcionales, tenemos que invertir en el capital social. Solo así podremos reparar el pacto.

Podemos recuperar nuestro pacto social si buscamos mejorar en seis áreas: bienestar humano y progreso social; creación de riqueza; innovación y tecnología; balance ambiental y ecoeficiencia; política económica y mercado de capitales; y desarrollo institucional y contrato social. Ojalá sea esta la discusión que tengamos como sociedad, si nuestra discusión sigue estando desenfocada, no lograremos recuperar la confianza.

Si llevamos a los funcionarios públicos a las comunidades y no llegan en grandes camionetas sino que como un ciudadano, entonces habremos comenzado a recuperar la confianza. Si vemos al sistema judicial independiente y juzgando a los corruptos, entonces comenzaremos a recuperar confianza. Si logramos que nuestros vecinos no nos bloqueen la salida de nuestra casa, si el camión de la basura pasa todas las semanas y a la misma hora. Si la etiqueta de los productos refleja la realidad del contenido. Si logramos reducir la tentación de utilizar el marketing político para engañar y la cambiamos por el diálogo abierto, transparente y sincero. Entonces y solo entonces repararemos lo que hemos estado sistemáticamente rompiendo.

No necesitamos líderes políticos, empresariales o de cualquier tipo, que busquen fomentar la desconfianza que refuerce nuestras diferencias. Necesitamos líderes que no nos mientan; personas con integridad absoluta y con valores. Este es un proceso radical, que nos pueda dar la tentación de parar, pero mientras no pongamos un vidrio enfrente de nuestras casas y dejemos la puerta abierta, no lograremos no tenerle miedo a nuestro vecino. Es un acto de egoísmo colectivo, sustraerse determinados derechos y entregarlos a una instancia superior creada por el colectivo, el Leviatán, para asegurar nuestra supervivencia.


Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información de este tema en http://samayoavaliente.com/

Publicado originalmente en El Diario de Hoy 20 de octubre de 2018

Aun cuando cada vez más empresas se suman a la tendencia de implementar más y más prácticas responsables en respuesta a las necesidades de sus stakeholders, hay muchos que creen que son soluciones parciales y frecuentemente se les da el estigma que son una ilusión, que es un “greenwash”, una pantomima para dar la apariencia de responsabilidad.

Pero hay un cambio de paradigma, durante el Congreso de ciencia y sostenibilidad de Copenhague (2016) el presidente del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés) dijo que hoy las empresas van más allá de la RSE, buscan incorporar la sostenibilidad como parte integral de sus actividades, bajo el principio de que ninguna empresa puede ser exitosa sin que se desarrolle su comunidad.

La WBCSD representa a las 200 corporaciones más grandes del planeta; por tanto, la conclusión que hace Peter Bakker (Presidente de la WBCSD) es sumamente potente, ya que exige al resto de empresas atender los costes reales de las personas, la sociedad y el planeta, como verdadero motor del desarrollo empresarial. También es un llamado a integrar estas prácticas en toda la cadena de valor de las empresas, los proveedores de estas corporaciones tendrán también que estar listos para este cambio de paradigma.

Déjeme ser completamente claro: la RSE es positiva y ha sido un gran avance, pero apenas toca la superficie. Para generar un impacto real en un mundo tan complejo es necesario una aproximación distinta. En 2016, la Universidad Técnica de Dinamarca revisó 40,000 informes de RSE solo en un 5 % se hacía referencia a capacidad de carga del planeta. La verdad es que estamos claros que no vivimos dentro de los límites planetarios, actualmente se necesitan 1.5 planetas para cubrir estas necesidades de todos sus habitantes, esto genera una mayor desigualdad, se genera un desequilibrio que con solo RSE no podremos abordar. Aunque cada día se sumen más empresas a prácticas de RSE todavía los indicadores mundiales nos reflejan que no estamos teniendo un impacto significativo, por tanto no estamos logrando el desarrollo de nuestras comunidades y por tanto estamos limitando el potencial desarrollo empresarial.

Partamos de otro hecho, Milton Friedman decía que “la responsabilidad social de las negocios era incrementar sus ganancias”, en sentido estricto tiene razón, pero Richard Thaler nos ofrece una perspectiva más amplia en su libro “Nudge”, Friedman estaría en lo correcto si nos basamos en que todas las personas hacen decisiones perfectas, esto significaría con toda la información necesaria, esto nunca ocurre. Friedman no anticipó la preferencia del consumidor por productos éticos o verdes, solo evaluó el incremento de los gastos para las corporaciones asociados a la responsabilidad social.

Los humanos, desde una perspectiva económica, no tomamos decisiones racionales, tenemos nuestras propias experiencias, restricciones y prejuicios. Esto abre una inmensa oportunidad para tomar decisiones en el entorno empresarial basadas en la sostenibilidad de los productos, ya que al final el desarrollo colectivo producirá mayores utilidades para la empresa.

Si aceptamos que tenemos que ir más allá de las mejoras incrementales simples y que necesitamos realmente transformar lo que hacemos en apoyo de un futuro verdaderamente sostenible, entonces tenemos que ir mucho más lejos. La integración de la sostenibilidad en el corazón de los negocios, en un contexto de alta volatilidad, requiere estrategias mucho más dinámicas, una innovación disruptiva.

Rodrigo Samayoa Valiente es un profesional en sostenibilidad empresarial. Consultor/Speaker en Sostenibilidad ambiental y Gobernanza corporativa. Puedes encontrar más información de este tema en http://samayoavaliente.com/

Sostenibilidad y el nobel de economíaPublicado en El Diario de Hoy 31 de octubre de 2018.

El premio Nobel de Economía de este año (2018) fue para el Dr. Nordhaus, de la Universidad de Yale, por sus estudios que integran la variable climática en el análisis macroeconómico de largo plazo; y para el Dr. Romer de la escuela de negocios de NYU (Stern) por su contribución integrando el avance tecnológico en los análisis macroeconómicos.

Como todos los años la entrega de los premios Nobel da un impulso a investigaciones o pensamiento científico que en general no es tan conocido. En este caso estas investigación ya nutren a las principales megacorporaciones en sus análisis de riesgos, es hora que los gobiernos también entiendan la lección que nos están dando, sobre todo, los elementos científicos para la toma de decisiones macroeconómicas.

Las investigaciones del Dr. Nordhaus nos han pedido modelar el impacto económico en las economías en crecimiento y nos permite ver y evaluar la política del carbono. Ese análisis nos permite determinar que agentes económicos no pagan un precio por las emisiones de carbono. Por tanto las externalidades negativas deben ser corregidas aplicando impuestos al CO2. Y esto deben implantarse de forma global, para evitar el fenómeno del free rider, es decir, que unos países no combatan el cambio climático porque sean otros quienes lo hacen.

La economía del carbono está siendo subsidiada en todos los escenarios del planeta. Desde la naturaleza en sus estado puro que cada vez más hay ejemplos del impacto en los polos, en los arrecifes, etc. Así como en los escenarios extractivos, donde la agricultura se ve cada vez más alterada. Incluso la urbe donde vemos los impactos más frecuentes los fenómenos climáticos extremos.

Gracias a las investigaciones del Dr. Nordhaus podemos cuantificar el costo del CO2 y en bases a esto plantear una manera efectiva de internalizar el efecto.

Las investigaciones del Dr. Romer nos abren otra maravillosa línea de conocimiento. Siempre se ha pensado en economía a la innovación como una caja negra de donde se impulsa el crecimiento económico. En un reciente artículo de El País, Antonio Maqueda concluye “que el crecimiento basado en ideas e innovaciones es sostenible a largo plazo y puede suceder de dos maneras: o bien una empresa puede tener una posición lo suficientemente monopolística como para poder recuperar los costes de innovar; o bien el mercado no suele premiar a los creadores de nuevos conocimientos y, en consecuencia, no genera el suficiente cambio tecnológico”. Entonces, por tanto, hay un papel que jugar en cuanto a los subsidios necesarios o la regulación de la competencia para de verdad innovar.

En conclusión, ambas investigaciones, por muy diversos motivos y por diferentes métodos, implican que el Estado tiene un papel que jugar en los mercados, que es necesario la intervención para solucionar fenómenos globales o fomentos, en el sentido correcto, que la industria necesita. Aunque los libertarios estas conclusiones no les agraden, es necesario ciertas regulaciones en el mercado para poder preservar la libertad empresarial necesaria. Y las investigadores de estos dos premios Nobel nos dan elementos científicos de como puede/debe ser esta intervención.

Más información pueden ver:

Rodrigo Samayoa Valiente, Profesional del desarrollo de negocios sostenibles. Consultor  y speaker de sostenibilidad Ambiental y gobernanza corporativa.

http://www.samayovaliente.com